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Vídeos de gatos
Gatitos, rescates y algún que otro tutorial. Debajo de cada vídeo encontrarás su historia por escrito.
Los primeros días en casa
El rey de la casa Vídeo en inglés — transcripción completa más abajo
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En cada casa hay un rey. Su Majestad es el dueño del sofá, del alféizar donde da el sol y, técnicamente, también de ti. Hasta que un día suena el timbre. Y llega una caja de cartón… con orejas.
¿Abrir esa caja en el salón del trono? Toda una osadía. Y un desastre. Rebobinemos y hagámoslo bien.
Paso uno: una habitación propia. El recién llegado tendrá una habitación con comida, agua, un arenero y un escondite. Muy exclusiva. Prohibida la entrada a la realeza.
Paso dos: primero el olfato, luego la vista. Intercambia una manta entre los dos. Su Majestad la inspeccionará como un agente de aduanas.
Paso tres: cena a ambos lados de la puerta. Un cuenco a cada lado, cada día un poquito más cerca. Nada une tanto como comer junto a alguien a quien no puedes ver.
Paso cuatro: encuentros de unos segundos. Una puerta entreabierta o una barrera de seguridad para bebés. Unos segundos y, después, premios. Que siempre se queden con ganas de más.
Paso cinco: suficiente para todos. Más areneros, cuencos y sitios altos. Nadie debería tener que pelearse por el trono.
¿Bufidos? No es un fracaso: te están diciendo cómo se sienten. Solo tienes que volver al paso anterior. Esto lleva días, a veces semanas. Y entonces, una mañana, el rey comparte el sofá… y finge que la idea ha sido suya. Que vivan los reyes.
El comportamiento de los gatos, explicado
Su Majestad pregunta a la máquina Vídeo en inglés — transcripción completa más abajo
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Cada día, la gente le hace la misma pregunta a su ordenador: ¿por qué mi gato hace eso?
Hemos consultado el Anthropic Economic Index. Muestra para qué usa la gente Claude, la IA, a partir de conversaciones anonimizadas.
En España, las preguntas sobre comportamiento animal representan alrededor de un cuarto del uno por ciento de todas las conversaciones. Parece poquísimo. Pero es tanto como la jardinería y más que el cuidado de la piel.
En Polonia, uno de los países más amantes de los gatos de Europa, la proporción es incluso un poco mayor.
¿Y en Google? La pregunta sobre gatos más buscada que empieza por «por qué» es: ¿por qué ronronean los gatos? Después vienen amasar, morder, las cajas, comer hierba… y «¿por qué mi gato me sigue a todas partes?»
Su Majestad quisiera saber a qué viene tanto interés por él de repente.
¿La respuesta sincera? Los gatos hablan con el cuerpo, no con palabras. Y los humanos todavía estamos aprendiendo el idioma.
Así que hemos escrito una guía para cada una de esas preguntas. Con investigaciones de verdad como base y mucho pelo de gato de por medio.
Su Majestad las ha leído todas. Sigue siendo… un misterio.
Salud: lo esencial
Por Noa Vídeo en inglés — transcripción completa más abajo
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Este es Noa. Nació en nuestra casa, y su mamá era Bati. Era dulce, un poco frágil… y nunca salió a la calle.
Noa tenía FIP: peritonitis infecciosa felina. Todo empieza con un coronavirus muy común, que la mayoría de los gatos llevan consigo sin que les cause ningún daño. Pero en unos pocos, el virus cambia y el cuerpo se vuelve contra sí mismo.
Durante décadas, la FIP solo significaba una cosa: despedirse. Cuando Noa enfermó, no había cura.
Entonces, en 2019, un equipo de investigación de la Universidad de California en Davis publicó un ensayo con un antiviral llamado GS-441524. La mayoría de los gatos se recuperaron.
Hoy, los estudios indican que más de ocho de cada diez gatos tratados se recuperan.
Al principio, el tratamiento consistía en una inyección al día durante doce semanas. Ochenta y cuatro pinchazos. Y escuecen. Los gatos dejaban muy clara su opinión al respecto. Hoy, en muchos países, el tratamiento se toma en un comprimido.
Pero el lugar donde vives sigue determinando si tu veterinario puede administrarlo. En el Reino Unido, Australia, los Países Bajos, Estados Unidos y Canadá, los veterinarios pueden recetarlo legalmente.
En España, todavía no pueden. Así que quienes tienen un gato enfermo aquí se enfrentan a una decisión imposible, y algunos recurren a productos que nadie controla.
Los veterinarios europeos han pedido a los legisladores una opción legal. Esperamos que les escuchen pronto.
Si tu gato es joven y tiene fiebre que no remite, la barriga hinchada o sigue perdiendo peso, acude a tu veterinario cuanto antes. El tiempo cuenta.
Noa no tuvo su oportunidad. Nos gustaría que todos los gatos que vengan después de él tengan la suya.
El doctor Chatbot ya puede atenderte Vídeo en inglés — transcripción completa más abajo
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Su Majestad no se encuentra del todo bien. Su personal coge el móvil… y consulta a una IA.
No es el único caso. Cuando alguien consulta a la IA sobre la salud de su mascota, alrededor de la mitad de esas conversaciones se convierten en un intercambio de preguntas y respuestas: describir síntomas, responder a preguntas, intentar entender qué pasa.
Y ahí es donde la IA sí puede echar una mano: entender lo que ha dicho el veterinario, preparar tus preguntas y saber qué es normal.
La clave está en dar información útil. No «mi gato está raro», sino «mi gato tiene 11 años, no come desde ayer y se esconde debajo de la cama».
Cuenta desde cuándo, con qué frecuencia y qué ha cambiado. Comida, agua, arenero, peso. Un vídeo corto también ayuda.
Pero hay cosas que no pueden esperar a una conversación: respirar con la boca abierta, un gato macho que hace esfuerzos pero no consigue orinar, cualquier contacto con algo tóxico, un colapso, un día entero sin comer. Eso significa: vete al veterinario. Ya.
Y nunca dejes que un chatbot elija un medicamento ni una dosis. Mucho menos un analgésico para humanos.
Recurre a la IA para entender. Recurre a tu veterinario para decidir.
Su Majestad ya se encuentra mucho mejor. Ahora quiere presentar una reclamación por lo del termómetro.
El concierto nocturno de Su Majestad Vídeo en inglés — transcripción completa más abajo
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Las tres de la madrugada. Su Majestad está dando un concierto. Otra vez. A pleno pulmón. De los largos. Y poniendo mucho, mucho sentimiento.
Los maullidos nocturnos de un gato mayor no siempre son puro teatro. Una causa frecuente es una tiroides demasiado activa: el hipertiroidismo.
Es el problema hormonal más frecuente en gatos mayores. Lo tiene alrededor de uno de cada diez gatos de más de diez años.
Un pequeño nódulo en la glándula tiroides, normalmente benigno, produce demasiada hormona y todo el cuerpo se pone a mil.
Así que fíjate en estas señales: come más que nunca, pero pierde peso. Bebe y hace pis más a menudo. Está inquieto, incluso hiperactivo. Vomita. Tiene el pelo descuidado. Y sí… maúlla a voz en grito. Sobre todo por la noche.
Sin tratamiento, sobrecarga el corazón, eleva la presión arterial e incluso puede dañar los ojos.
¿La buena noticia? Un simple análisis de sangre puede detectarlo. Y hay cuatro formas de tratarlo: pastillas a diario o un gel para la oreja. Una dieta especial. Cirugía. O una única inyección de yodo radiactivo, que cura a la mayoría de los gatos.
Tu veterinario también revisará los riñones, porque tratar la tiroides puede destapar un problema renal que había pasado desapercibido.
Con tratamiento, la mayoría de los gatos vuelven a ser los de siempre. Su Majestad ha ganado peso, duerme toda la noche… y ha cancelado su gira mundial.
La tos de Su Majestad Vídeo en inglés — transcripción completa más abajo
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Su Majestad tiene tos. Todo el mundo dice: es una bola de pelo. A veces, todo el mundo se equivoca.
El asma es sorprendentemente frecuente en los gatos. Las vías respiratorias se inflaman y se estrechan, y respirar se convierte en todo un esfuerzo.
Esta es la pista: un gato que tose se agacha mucho, estira el cuello… y no expulsa nada. Ni una bola de pelo. Solo tos.
¿Otras señales? Silbidos al respirar. Respiración rápida, incluso en reposo. Quedarse sin aliento enseguida después de jugar.
Y esta es la más importante. Si tu gato respira con la boca abierta o el pecho se le mueve de forma exagerada con cada respiración, es una urgencia. Ve a tu veterinario ahora mismo.
Los desencadenantes habituales incluyen el polvo, el humo del tabaco, los ambientadores, los perfumes en espray, la arena perfumada y el polen. Su Majestad quiere hablar contigo de tu colección de velas.
Un consejo muy útil: graba un ataque de tos con el móvil. A tu veterinario le ayudará muchísimo.
¿La buena noticia? Con el tratamiento adecuado, la mayoría de los gatos con asma llevan una vida feliz. Puede que necesiten medicación a diario y, a veces, un inhalador con una mascarilla diminuta, de tamaño gatuno. Sí, en serio.
El asma suele durar toda la vida, así que nunca suspendas el tratamiento sin consultar antes con tu veterinario.
Su Majestad ya respira tranquilo. Y sigue echándole la culpa a la vela.
La barriga de Su Majestad Vídeo en inglés — transcripción completa más abajo
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Su Majestad ha vuelto a vomitar. En la alfombra, por supuesto. Todo el mundo se encoge de hombros: los gatos vomitan de vez en cuando, sin más. Pero no, vomitar con frecuencia no es normal.
Una posible causa es la IBD: la enfermedad inflamatoria intestinal. La mucosa del estómago o del intestino permanece inflamada durante mucho tiempo, así que la comida no se digiere bien.
¿Las señales? Vómitos que se repiten. Diarrea o heces blandas. Pérdida de peso, aunque siga comiendo. Poco apetito o, de repente, un hambre voraz. Y, aunque sorprenda, bolas de pelo frecuentes. Si aparecen más de una vez al mes, aproximadamente, conviene ir al veterinario.
No hay una única prueba. Tu veterinario primero descartará otras causas, como parásitos, problemas de tiroides, enfermedades renales o hepáticas e intolerancias alimentarias. Después suelen venir los análisis de sangre, una ecografía y, a veces, una pequeña biopsia del intestino. Esa es la única forma de confirmarlo y permite distinguir la IBD de un tipo de linfoma que puede parecerse mucho.
¿La buena noticia? La IBD normalmente no se cura, pero se puede controlar bien. El tratamiento suele empezar con una dieta especial, a veces acompañada de medicación antiinflamatoria, e inyecciones de vitamina B12.
Muchos gatos con IBD viven muchos años y son felices. A Su Majestad su nueva dieta le parece un aburrimiento. La alfombra está encantada.
Gatos mayores y con necesidades especiales
Su Majestad deja de saltar Vídeo en inglés — transcripción completa más abajo
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Su Majestad antes reinaba desde lo alto del armario. Últimamente, se limita a… mirarlo.
Todo el mundo dice: se está haciendo mayor, nada más. Pero bajar el ritmo no es solo cosa de la edad. Puede ser artritis. Y la artritis duele.
Es muy, muy frecuente. Los estudios sugieren que la mayoría de los gatos de más de doce años tienen algún grado de artritis. Aun así, muchos nunca reciben un diagnóstico, porque los gatos son expertos en ocultar el dolor.
Así que fíjate en los pequeños cambios: ya no salta para subirse a los sitios, o salta a menos altura. Se lo piensa antes de usar las escaleras. Hace sus necesidades cerca del arenero, pero fuera. Tiene el lomo desaliñado, sin acicalar. Duerme más y juega menos. Se pone gruñón cuando lo tocas.
Si notas alguna de estas señales, acude a tu veterinario. Hoy hay opciones que de verdad ayudan: analgésicos específicos para gatos e incluso una inyección mensual.
Pero nunca le des analgésicos para humanos. Para los gatos pueden ser mortales.
En casa, pónselo fácil. Coloca escalones o una rampa para que llegue a sus sitios favoritos. Usa un arenero con un lateral bajo. Deja comida, agua y un arenero en cada planta. Ofrécele camas cálidas y blanditas, y ratitos de juego suave, cortos y frecuentes.
Mantener un peso saludable también ayuda a las articulaciones.
Su Majestad vuelve a reinar desde el armario. Con una escalerita. Instalada por su personal.
Cuidados del día a día
Su Majestad se va de paseo por el jardín Vídeo en inglés — transcripción completa más abajo
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A Su Majestad le encantan los jardines. Por desgracia, algunos no le corresponden. Aquí tienes diez plantas que pueden causar una intoxicación grave a un gato.
Diez: kalanchoe. Una alegre planta de interior que puede afectar al estómago y, en cantidades mayores, al corazón.
Nueve: tulipanes, jacintos y narcisos. Sobre todo los bulbos. Escarbar no es un pasatiempo, Majestad.
Ocho: azaleas y rododendros. Bonitos. Tóxicos. Siguiente.
Siete: cólquico de otoño. Puede dañar el intestino, el hígado y los riñones.
Seis: tejo. Se encuentra en setos y parques. Sus hojas y semillas pueden provocar una parada cardiaca.
Cinco: lirio de los valles. Campanillas diminutas. Problemas enormes para el corazón.
Cuatro: dedalera. Preciosas espigas de flores, y una de las plantas más tóxicas para los animales de compañía.
Tres: cica. Muy popular en los jardines mediterráneos. Ataca al hígado.
Dos: adelfa. Bordea la mitad de las calles de España, y todas sus partes son venenosas.
Y en el número uno: los lirios. Para los gatos, la flor más peligrosa de todas. Un mordisquito a una hoja, un poco de polen que se lamen del pelo o incluso el agua del jarrón pueden causar insuficiencia renal.
Si crees que tu gato ha mordisqueado o tocado alguna de estas plantas, no esperes a que aparezcan síntomas. Acude al veterinario de inmediato y llévate la planta.
¿Te apetece un poco de verde? Prueba con plantas seguras para los gatos, como las cintas y los helechos de Boston. Su Majestad da su visto bueno. Sobre todo para echarse la siesta.
El aseo de Su Majestad Vídeo en inglés — transcripción completa más abajo
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Su Majestad se pasa horas cada día acicalándose. Entonces, ¿para qué demonios vas a cepillarlo?
Porque con cada lametón se traga pelo suelto. Y lo que entra… acaba saliendo por donde entró. Normalmente, en tu alfombra favorita. A las tres de la mañana.
El cepillado retira ese pelo antes de que se lo trague. Menos bolas de pelo.
También evita los nudos: esos tan apretados que tiran de la piel y pueden hacer mucho daño. Los gatos de pelo largo son los que más riesgo tienen.
Algunos gatos necesitan aún más tu ayuda. Los gatos mayores, los que tienen sobrepeso y los que tienen las articulaciones rígidas a menudo no llegan a todas partes.
Y el cepillado es una revisión de salud gratis. Podrás detectar a tiempo bultos, pulgas, costras o zonas doloridas.
¿Con qué frecuencia? Gatos de pelo largo: todos los días. Gatos de pelo corto: más o menos una vez a la semana.
Que sea breve y agradable. Cepilla en el sentido del pelo, empieza por donde a tu gato le encanta que lo acaricien y para antes de que se harte. Los premios ayudan. Mucho.
¿Has encontrado un nudo? Nunca lo cortes con tijeras. La piel de los gatos es fina y es fácil cortarla sin querer. Pide ayuda a tu veterinario o a un profesional de peluquería felina.
Y si tu gato sigue expulsando bolas de pelo a menudo, o tose sin expulsar nada, acude a tu veterinario.
Su Majestad ya luce un pelo brillante, esponjoso y sin bolas de pelo. La alfombra está a salvo. De momento.
Su Majestad conserva sus uñas Vídeo en inglés — transcripción completa más abajo
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Su Majestad ha arañado el sofá. Otra vez. Hay quien propone quitarle las uñas. Así que dejemos claro qué significa eso en realidad.
La desungulación no es un simple corte de uñas. La uña del gato nace del último hueso de cada dedo. Así que desungular significa amputar ese hueso. En todos los dedos.
Imagina que te cortasen todos los dedos a la altura de la última articulación. Por arañar un sofá.
Y puede doler de por vida. Los estudios observaron que los gatos desungulados tenían más probabilidades de sufrir dolor de espalda, morder y dejar de usar el arenero.
En España está prohibida. La ley de bienestar animal prohíbe las mutilaciones, salvo por motivos médicos justificados. Muchos otros países europeos también la prohíben.
La cuestión es esta: arañar no es portarse mal. Es la forma que tienen los gatos de estirarse, mantener las uñas sanas y dejar su marca.
Así que ofrécele a Su Majestad algo mejor que el sofá: un rascador alto y estable. Ponlo junto al sofá, cerca de donde duerme y al lado de la puerta. Añade un poco de hierba gatera y felicítale cuando lo use.
Recorta solo las puntitas de las uñas cada pocas semanas y cubre el sofá mientras aprende.
El sofá sobrevive. Las uñas se quedan. Todos ganan. Menos el rascador. Nunca tuvo nada que hacer.
El menú prohibido de Su Majestad Vídeo en inglés — transcripción completa más abajo
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Su Majestad desea pedir algo de tu plato. Dile que no, con educación. Estos son los diez alimentos que un gato nunca debe comer.
Diez: cebolla, ajo, cebollino y puerro. Crudos, cocinados o en polvo, dañan los glóbulos rojos. Sí, incluso en la salsa.
Nueve: chocolate. Y cuanto más negro, peor.
Ocho: café, té y bebidas energéticas. Un gato con cafeína no es un gato productivo.
Siete: alcohol. Incluso una pequeña cantidad puede ser mortal. Su Majestad no se apunta a la hora feliz.
Seis: uvas y pasas. Nadie sabe exactamente por qué son peligrosas. Así que mejor no averiguarlo con tu gato.
Cinco: masa de pan cruda. Sigue subiendo… dentro del estómago.
Cuatro: leche. La mayoría de los gatos adultos no pueden digerirla. Los dibujos animados te mintieron.
Tres: carne, pescado y huevos crudos. Pueden contener bacterias como la salmonela.
Dos: huesos cocinados y recortes de grasa. Los huesos pueden astillarse y la grasa puede sentarles fatal al estómago.
Y el número uno: aperitivos salados. Las patatas fritas son para humanos con remordimientos.
Y un extra que ni siquiera es comida: nunca le des a tu gato paracetamol ni ningún analgésico para humanos. Para los gatos, puede ser mortal.
Si tu gato come algo de esta lista, llama a tu veterinario de inmediato y llévate el envase.
Ahora Su Majestad va a comer… comida para gatos. Otra vez. Encantadísimo.
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