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3 de septiembre de 2023 · 2 min de lectura

La breve estancia de Penny

La breve estancia de Penny
Ahora Penny está en una casa de acogida en Barcelona

Nadie había visto jamás a Penny por el pueblo, y justo cuando vuelvo de pasar una semana en el hospital, sale por la gatera de mi garaje.

Tiene un ojo herido y pinta de necesitar un poco de cariño. Eso sí, no quiere a ninguno de los machos cerca. Me limito a observarla y me voy a casa. Más tarde, mientras reparto carne rica entre mis clientes habituales, se apoya en mi pierna.

Y ahí es cuando decido hacer algo de verdad.

Se pasa esa tarde cerca de mi coche, pero, como decía, acabo de salir del hospital y me estoy tomando las cosas con calma. Luego desaparece. Así que al día siguiente salgo con una misión: encontrarla a la hora de los gatos. Y la encuentro. Casi sin esfuerzo, consigo meterla en el transportín y llevármela a casa. Y casi sin quejas por su parte.

Pasa unos días en su habitación de cuarentena mientras esperamos la cita con el veterinario. Me preocupa ese ojo que al principio daba por perdido: lo tiene casi cerrado y cubierto de una especie de secreción amarilla. Pero la gatita lo pone muy fácil: ni se esconde ni bufa. Así que nos damos mimos en la cama. Solo quiero que sepa que todo va bien. Las marcas de su cara me recuerdan a aquella serie que tanto me gustaba, Penny dreadful. Y así, unos días después, ya es Penny.

Come y no juega, pero sí pide mimos. Todo estupendo. A veces suelta una vocecita para dejar claro que ya basta. Y el día del veterinario se porta de maravilla. Le hacen una ecografía porque sospechan que está preñada, pero no. Para el ojo, nos dicen que bastará con dos tipos de gotas. Y así fue.

Las semanas siguientes toca completar la larga cuarentena, esterilizarla, vacunarla, seguir tratando el ojo y trabajar un poco más la socialización, que con los otros gatos nunca llegó a funcionar. En cuanto a la señora que la ha rescatado, Penny lo tiene clarísimo: ¡es suya!

Entonces me cuentan que acaba de quedar libre una casa de acogida en Barcelona. Y nos ponemos a organizarlo todo.

Desde mediados de septiembre, Penny vive con varios humanos y ningún gato. Justo lo que necesita.

Y allí espera a su familia definitiva, la que será para siempre.