17 de junio de 2017 · 5 min de lectura
Cada vez más gatos

Un año desde la desaparición de Athena
Junio es un mes triste. Hace un año que Athena desapareció. Desde mediados de mayo sentía cómo la tristeza iba creciendo, sin entender al principio por qué. Y entonces comprendí por qué me costaba tanto despertarme. 1 año y ni de lejos he conseguido cerrar ese capítulo. Mientras escribo, me mareo. Estoy sudando tanto como el año pasado, con aquella ola de calor. Han vuelto las oleadas de calor, igual que entonces. Parece que todo mi ser está reviviendo aquellos momentos. La vida da vueltas. Y con China pasó lo mismo. Ella también desapareció. Estas cosas pasan con los gatos que pueden salir a sus anchas. Hay que aceptarlo o tenerlos encerrados. Aunque eso no significa necesariamente que mueran. A veces encuentran otro hogar. Igual que Charlie y Tato encontraron refugio con nosotros. Estoy intentando que esto pese un poco menos. Cuando desaparece un alma, humana o animal, no hay manera de cerrar el capítulo. La duda, una vez instalada, no se va. Se queda durante un tiempo incierto. Los sentimientos no siempre están tan a flor de piel como estos días, pero la duda nunca afloja. Es como un mal tatuaje en el alma. Sigue ahí, escociendo más o menos. Sin acabar de curarse nunca. Aprender a soltar es la única respuesta que he encontrado, de momento. Pero hoy es un día muerto. Además, las cosas no van nada bien. Últimamente el vecino está totalmente descontrolado. Anoche me despertaron unos ruidos extraños. Estaba disparando en su jardín; debían de ser las 3-4 de la madrugada. Cuando anda por aquí, duermo como los gatos. Ahora, con el calor del verano, salen de noche y durante el día se quedan KO en algún rincón a la sombra. Y esas son mis horas de trabajo. Así que duermo poco. Hasta que, de pronto, caigo rendida unas horas. Y así fue como me despertó el ruido seco de los disparos. ¡Un día fantástico, desde luego! Estoy buscando algún sitio adonde mudarnos, con la esperanza de que, para empezar, podamos tener unos momentos de paz y hacer piña como familia, que buena falta nos hace. Los gatos notan todo ese estrés. Y necesito tenerlos dentro todo lo posible. Entre el calor y el miedo que llevo encima, lo notan muchísimo, y a veces tengo que dejar salir a unos cuantos. Que les dé el aire, que gasten energía, y confiar en que toda su sabiduría gatuna los traiga de vuelta a casa sanos y salvos para descansar durante el día. Así que nuestras noches son mucho mejores que nuestros días. Por si no fuera suficiente, una gatita que comía de uno de los platos que dejaba en el alféizar apareció un día con 3 crías. Se quedaron tres días, así que pedí ayuda. Los pequeños, que tienen entre 2 y 3 meses, se dejan tocar y son más o menos sociables. Con un poquito de paciencia, incluso el más receloso puede irse en adopción. Así que puse en marcha la petición de ayuda y, de repente, desaparecieron. Me sentí un poco tonta. Pero al final uno volvió con su madre y ya no se fue. Aunque no tenía muy claro qué había pasado con los otros dos. Esta mañana han aparecido los dos, muertos de hambre. Esa mamá ha tenido que hacer un montón de viajes entre los dos sitios. Pero lo ha conseguido. Pobrecita. En fin, a la familia, ahora reunida de nuevo, le he enseñado el camino al jardín interior, donde ya no pueden volver a desaparecer. Así se van familiarizando con las caras de todos los demás y puedo cuidar de los pequeños hasta encontrar una solución y que alguien se los lleve en acogida o los adopte. Así que sí, más gatos. Pero de verdad que no quiero tenerlos aquí: tiene que ser algo temporal. Tengo que encontrarles un hogar. Sobre todo con esta situación mía, que es totalmente intolerable. Ya no soy un refugio seguro. A mí también me hace falta que me rescaten un poco. Recuperar fuerzas y calmarme. El señor Sociable ya tiene nombre. Se llamará Jimmy. Y es un pequeñajo de lo más listo. Es un amor, espabilado y juguetón. Y cuando no estás, juega un rato y luego cae rendido en el sofá. Un gato de piso perfecto. Incluso ha empezado a jugar con algunos de los otros gatos. El mayor se acercó al principio por curiosidad, y no de muy buenas maneras, pero enseguida acabaron jugando. La verdad es que me sorprende. Con los otros dos la historia es distinta. Ahí fuera la vida es salvaje. Han pasado una semana más fuera, y a esta edad eso marca bastante la diferencia. El pequeño Jimmy tuvo suerte, o fue listo. Suena a cuento de príncipes.
Voy a dejar esta entrada tal cual. No sé qué va a pasar, pero he hablado de esta situación, de los gatos, del lugar y de los pequeños. Ojalá todos estos frentes abiertos encuentren pronto una solución. Qué ganas tengo de que llegue el día en que pueda salir de casa sin miedo. Y verlos a todos bien y relajados. ¡Que junio no vuelva a ser nunca un mes triste!
Entrada escrita en junio de 2017
Releída hoy, en 2022,
Mumcatorg va a convertirse en asociación, pronto, espero. Estaban a punto de estrenarse aquí una web nueva, una imagen nueva y más historias de gatos. Una especie de nuevo comienzo. Pero no puedo olvidar. Y, por casualidad, se eligió el texto de abajo para «dar contenido rápido» al blog que estás leyendo. Esta misma entrada la escribió quien escribe ahora.
Y ahora recuerdo la lucha de aquel verano. Recuerdo aquel año más allí, con cada vez más gatos y tanto estrés, tanto miedo. En enero de 2019 mi situación económica era desastrosa. Encima, los bancos bloquearon mi último ingreso y me dejaron sin poder pagar el alquiler ni comprar comida para los gatos y para mí. Entonces supe que nunca podría ponerme al día con las facturas y los alquileres pendientes. Cuando las cifras bajan de cero, la deuda crece muy deprisa.
En mayo de 2019 trasladé a 21 de mis 23 gatos a un lugar en plena naturaleza. Lo que en español se llama una finca rústica. Por lo general, no tiene agua corriente ni electricidad. Esta ni siquiera tenía casa. Era una cabaña de volta, una construcción hecha por el ser humano, parecida a una cueva. Añadí una caravana y empezamos de cero. Ya escribiré más sobre aquello aquí. Por desgracia, perdí gatos. Todavía no puedo borrar ese capítulo de mi cabeza ni de mi corazón.